Venus paleolíticas: la voluptuosidad milenaria

El descubrimiento que tuvo lugar a finales del siglo XIX (1894–1897) en la Grotte du Pape, Brassenpouy (Francia), inauguró el cuestionamiento por la historia de la conciencia erótica de la humanidad. Eso que llamamos la “revolución sexual” de mediados del siglo XX, junto con la liofilización de la historia antigua, medieval y más específicamente la prehistoria, sugería la creencia de que el erotismo se configura como un síntoma y/o producto de la sociedad posmoderna.

Venus de Brassempouy- 24000-26000 B.P.

Venus de Brassempouy- 24000-26000 B.P.

Esta Venus sugirió la hipótesis de que el erotismo en la sexualidad tenía no sólo vigencia en la etapa paleolítica sino un lugar preponderante en sus actividades rituales. Pero fue la Venus de Willendorf, una estatuilla femenina desnuda de 11,1 centímetros de altura, descubierta a las orillas del río Danubio (Austria) en 1908, y datada entre 22,000 y 24,000 antes del presente, la que permitió dilucidar que la cultura paleolítica, especialmente el paleolítico superior (Gravitense), practicó el culto a la figura femenina, en el cual se resaltaron sus atributos reproductivos, como sus amplias caderas y grandes senos, así como un marcado y pronunciado triángulo pélvico.

Venus de Willendorf.  22000-24000 B.P.

Venus de Willendorf. 22000-24000 B.P.

Es necesario preguntarse por las condiciones de un mundo en el cual el ideal de feminidad y el ideal humano se sintetice en un canon de figura humana femenina de grandes proporciones. El contexto paleolítico superior muestra un mundo extraño a nuestros ojos: en primera instancia, es la época de los grandes animales representados en el Chribiquete, Chauvet, Lascaux, Altamira, entre otras, es decir, uros, rinocerontes lanudos, mamuts, grandes leones, tigres diente de sable, etc. Allí el sapiens no era la especie dominante demográficamente, ni mucho menos su fuerza se comparaba con la de un gran león. El ser humano era una fácil presa para los grandes animales. Tampoco tenía dominio sobre su alimento: debía recurrir a trucos mágicos para cazar y recolectar. Por ello, la función reproductiva, centrada en la mujer, era primordial y como la caza ni la recolección predominaban, se convertía en el factor principal que determinaba la supervivencia de un grupo humano.

Si en el neolítico, con la invención de la agricultura y los primeros rasgos civilizatorios aparecen las divinidades atmosféricas, las que controlan el agua, el sol, el trueno, la tierra misma, en el período paleolítico la única fuente de divinidad era la mujer misma, el origen de la fertilidad y de la vida. De su potencial reproductivo dependía que la tribu conservará su número: como los miembros de la comunidad morían en cada sesión de caza, era necesario un nuevo miembro que cumpliera la función de traer el alimento. La comunidad tenía el deber de alimentar a la matriarca; la matriarca de mayor dimensión significaba una tribu de gran poderío. En ese sentido, las figuras más que representar una matriarca, eran las mismas diosas de la matria que tenían el poder de otorgar la fertilidad a sus mujeres. Aquí el modelo estético hegeliano de la condición no funcional de la belleza se quiebra, pues en esta cultura entre la mujer sea más voluptuosa, era símil de ser bella, fértil y por tanto más deseada. El erotismo y la sexualidad en el paleolítico no denotan un placer que se adhiere al acto sexual, sino que es un elemento de sagrada necesidad que condicionaba la supervivencia misma. Allí se recupera el sentido original del erotismo: su necesidad para la supervivencia humana, su magia en el acto creativo, su belleza en la acción necesaria.

Venus Holhe Fels. 42000-40000 B.P.

Venus Holhe Fels. 42000-40000 B.P.

El 14 mayo 2009 el periódico El País de España tituló: “ 40,000 años tiene la Venus más antigua… y es casi pornográfica”, refiriéndose a la Venus de Hohle Fels, estatuilla de 6 cm de alto, tallada en marfil de mamut y encontrada el 15 septiembre 2008 en el valle del río Arch. Se trata de una figura femenina con atributos sexuales que se destacan por su exageración y que llegan a lo informe: senos inmensos y el triángulo pélvico gigante, además de labios vaginales pronunciados, signo de ser una divinidad que recalca y potencia su función reproductiva. Ésa Venus no sólo confirma el matriarcado en la era paleolítica, sino que anuncia que entre más antigua sea la cultura, los valores matriarcales se acentúan con mayor fuerza. En comparación con la Venus de Hohle Fels, la de Willendorf es una “Barbie”, lo que demuestra que las condiciones vitales cercanas al paleolítico medio fueron más extremas, y la condición matriarcal y su gobierno, más sólido.

En la sociedad matriarcal, la matriarca además de cumplir con su función reproductiva, gobernaba y es probable que se ayudara de un séquito de sacerdotisas quienes cumplían con las labores rituales. Hoy en día se enuncia la teoría, de que los primeros objetos artísticos conocidos, por ser objetos rituales–sagrados, no los produjeron hombres, como se pensaba, sino mujeres. Es altamente probable que las pinturas rupestres de Chauvet, Altamira y Lascaux, así como el arte mueble, sea de origen femenino. Los hombres estaban a la orden y disposición de la matriarca y su función principal era la caza y la recolección de alimentos. Hasta muy entrado el neolítico se puede apreciar representaciones de mujeres gobernando, como es el caso de la matriarca de Çatalhöyük, en trono de leones, encontrada en Anatolia. Hoy se tiene claridad que el mundo prehistórico, tal como nuestras experiencias intrauterinos, fue un mundo erótico, abisal y femenino. Un mundo que perduró hasta la aparición de la agricultura.

Matriarca de Çatalhöyük

Matriarca de Çatalhöyük

 

Carlos Fino

Carlos Fino

Historiador y teórico del arte. Premio Casa de las Américas 2014.