Patti Smith: Just kids. Biografía de Robert Mapplethorpe

Just Kids (2010), es la biografía que realiza la famosa cantautora y poeta de los años ochenta Patti Smith de su adorado fotógrafo Robert Mapplethorpe. Se trata de un texto increíble, pues Smith antes de ser cantautora fue poeta y dibujante. Es un libro con un magnífico estilo literario y una sensibilidad que se encuentra consonancia con el artista retratado. Además, Smith fue la persona que más acompaño a Robert en su vida: fue su primera pareja sentimental y después de varias separaciones se convirtieron en amigos inseparables. Smith fue testigo de la trayectoria entera de Robert: como en un doble espejo la presencia de Robert se encuentra las letra de Patti así como la imagen de Patti en los retratos de Robert que la consideró, hasta sus últimos días como su alter ego femenino.

El libro le propone al lector un pacto narrativo de un nivel de aceptación drástico en donde invita a exorcizar la figura de Robert Mapplethorpe mediatizada en los ochenta y noventa e insiste en volver a reconocer su obra en el conjunto de las experiencias de la vida. Usa el modelo de la hagiografía para narrar lo potente de la obra de Robert, y de esta manera re–dibujar su figura. El epígrafe de esta autobiografía, de entrada entabla la relación entre sexualidad y teología que Mapplethorpe desde un principio planteó, de manera metafórica y literal las obras: «muchas cosas se han dicho acerca de Robert, y se dirán muchas más. Los chicos adoptarán sus andares. Las chicas se pondrán vestidos blancos y llorarán la pérdida de sus rizos. Lo condenaran y lo adorarán. Censurarán o idealizarán sus excesos. Al final, la verdad se hallará en su obra, la esencia corpórea del artista no se deteriorara. El hombre no puede juzgarla porque ella alude a Dios y, en última instancia, le pertenece».

El libro revela momentos magníficos de la vida de los dos artistas: ambos nacieron un lunes de 1946, Patti en una gran nevada y Robert bajo el signo del escorpión. Patti y Robert coinciden en Nueva York y se encuentran gracias a que Patti vendía collares y Robert se convertiría en el único cliente que compró el collar que a ella le gustaba. Más adelante entendería el refinado gusto que Robert tenía por los collares pues de niño los fabricaba junto a su madre. La empatía estética entre ambos se reveló en la noche que los reencontró para llevarlos a vivir juntos. Patti Smith relata los primeros difíciles años junto a Robert: debían vivir de trabajos mal pagos y pasar noches enteras de largo para realizar su producción artística. Comían poco. Sin embargo, ambos estaban determinados a jugársela por el arte y realizaron sacrificios múltiples para que Patti compusiera sus poemas y Robert hiciera sus collages: ambos compartirían el dibujo y el ensamblaje de joyas y collares del cual Robert era un experto.

Mapplethorpe tenía cierta habilidad para revalorar los objetos que la sociedad consideraba basura: «quería hacer collages de piedras semipreciosas, montar patas de conejo en platino o engarzar calaveras en plata y oro, pero de momento utilizábamos lo que encontrábamos. Robert era un maestro en divinizar lo insignificante» (134). Esta mirada cargada de inocencia que puede encontrar lo magnífico en los detalles de objetos muertos o desechos de la sociedad del hiperconsumo lleva Patti Smith a revelar uno de los elementos claves de la poética de Mapplethorpe, encontrar lo potente en las pequeñas cosas, animar como un antiguo tahúr lo inanimado: «dicen que los niños no distinguen entre objetos animados y objetos inanimados; yo creo que sí. Un niño imparte a una muñeca o un soldado de hojalata un hálito mágico. El artista dota su obra de vida como un niño a sus juguetes. Tanto en la vida como en el arte, Robert le imprimía los objetos su impulso creativo, su sagrada potencia sexual. Transformaba en arte un llavero, un chillo de cocina o un simple marco de madera. Amaba su obra y amaba sus cosas. En una ocasión cambió un dibujo por un par de botas de montar, nada prácticas pero casi bellas espiritualmente. Las lustraba con la dedicación de un mozo que cepilla a un lebrel antes de la carrera» (150).

Repotenciar las cosas con la energía del eros y encontrar esa potencia en las cosas mismas, es la línea más clara de su desarrollo artístico. Ésta se rastrea desde las instalaciones, los collages, las Polaroid, los autorretratos, las fotografías sado y las flores. La técnica consiste en extraer el objeto de su temporalidad y desarrollar su energía vital, otorgándole primordialidad en la obra. Tanto el Pop–Art como Mapplethorpe conocieron la brutalidad del mercado artístico americano que convertía a los artistas en estrellas y a las obras en artículos de lujo y colección; tanto las obras de Warhol, como las de Mapplethorpe se pueden considerar como respuestas a la mercantilización del arte. Pero la respuesta de Warhol es opuesta a la de Mapplethorpe: mientras Warhol utiliza la reproductibilidad técnica a favor de la copia, de la desautorización del original y satiriza con su misma figura el papel social del artista al convertirlo en una estrella del rock; Mapplethorpe convierte a la fotografía, un medio de alta reproductibilidad que es usado en los medios de comunicación, especialmente los impresos, en un género que recupera el sentido clásico de la escultura. Mientras Warhol realiza la danza de lo banal, Mapplethorpe devuelve la ontología a las cosas que fotografía y les dota de presencia divina a los objetos que se encuentran en ellas. La obra de Mapplethorpe saca los objetos de la temporalidad del consumo que los mantiene en ciclos de circulación y desecho cada vez mayores; Robert, a través de sus técnicas artísticas, desarrolla lo potente y convierte sus objetos en imágenes del orden de lo sagrado: poderosas, mágicas intemporales.

La trayectoria fotográfica de Robert es reciente y la más conocida. Su obra se inclinó con mayor énfasis al trato artesanal con los objetos, a potenciar su presencia y energía. En 1971 Patti Smith relata sus inicios fotográficos: «fui su primera modelo. Se sentía cómodo conmigo y necesitaba tiempo para definir su técnica. El mecanismo de la Cámara(Polaroid) era sencillo, pero las opciones eran limitadas[…] él fue su primer modelo masculino. Nadie podía cuestionarle cuando se fotografiaba a sí mismo. Tenía el control viéndose, decidía que ver» (168). El desarrollo de la mirada de Robert no estuvo ligado tanto a la fotografía sino más a un dedicado estudio de la escultura clásica. Desde pequeño era ferviente admirador de Miguel Ángel y en los escultores greco–micénicos encontrar un momento de máximo plutonismo y tensión en un material rígido, un “momento perfecto”.

John McKendry 1975 por Robert

John McKendry 1975 por Robert

A Robert le llegó la fotografía gracias a los amigos del hotel Chelsea quienes le prestaban las cámaras. La que más uso fue la de Sandy Danley; una Polaroid Land 360: «su configuración y las opciones eran limitadas, pero, técnicamente era sencilla y él no necesitaba fotómetro. Para conservar las instantáneas, extendía sobre ellas una sustancia cérea rosa. Si se le olvidaba, iban perdiendo color. Robert aprovechaba todo de la Polaroid: el cartucho para marcos, la lengüera, y de vez en cuando hasta los semi–fallos, manipulando la imagen con emulsión […] el precio de la película lo obligaba a no desaprovechar ninguna fotografía. No le gustaba cometer errores ni desperdiciar la película y, por este motivo, desarrolló decisión y un ojo rápido. Era preciso y prudente, primero por necesidad, luego por costumbre. Observar sus veloces progresos era gratificante, porque me sentía parte de ellos. El credo que establecíamos como artista y modelo era simple. Confío en ti, confío en mi» (105).

Que Robert se dedicara por completo a la fotografía era una sorpresa para la misma Patti Smith pues era el medio artístico más lejano para Mapplethorpe por su elevado costo y porque seguía siendo un gran artesano. La forma de incluir su artesanía en las fotografías fue gracias al diseño y la construcción de los marcos en donde incluía objetos y tejidos. Smith registra el momento preciso en que decide dedicarse a la fotografía y fue cuando John McKendry, director de fotografía del Museo Metropolitano de Nueva York le regaló su primera cámara: «Yo no había anticipado la absoluta entrega de Robert a la fotografía. Lo había animado para hacer fotografía que se integraran con las instalaciones, con la esperanza de que le tomara relevo a Duchamp. Pero Robert había cambiado su centro de atención. La fotografía no era un medio para alcanzar un fin, sino el fin mismo» (208).

Mapplethorpe más que descubrir un medio y encumbrarlo como arte, descubrió una forma de mirar: la mirada clásica, a través del medio de captura más moderno, la cámara fotográfica. Robert fue uno de los artistas afortunados que pudo encontrar su mecenas Sam Wagstaff multimillonario americano seducido por la obra de Robert y por Robert mismo. Fueron amantes y ambos se colaboraron hasta el final de la vida de Sam. Es extraña esta relación en pleno siglo XX y más en Norteamérica, pero fue una realidad al mejor estilo del amor cortesano medieval: Robert magnificaba su mecenas dedicándole su obra; Sam, la hacía posible brindándole todos los medios para llevarla a cabo. Esta fue edad dorada en la producción de Robert. Patti relata: «A Sam, con todo su dinero, le gustaban los mismos sitios que a nosotros. Esa noche Robert le regaló una fotografía y él le regaló a Robert una cámara Hasselbland. Aquel primer intercambio simbolizó sus papeles de artista y mecenas. La Hasselbland era una cámara de formato medio adaptado a la Polaroid. Su complejidad exigía utilizar fotómetro y la posibilidad de cambiar el objetivo procuraba a Robert mayor profundidad de campo. Le permitirá más posibilidades y flexibilidad, más control sobre el uso de la luz: Robert ya había definido su vocabulario visual. La nueva cámara no le enseñó nada, sólo le permitió encontrar exactamente lo que buscaba» (222).

Sam y Robert

Sam y Robert

Los resultados del apoyo de Sam se vieron de inmediato en la producción y el reconocimiento de Robert como artista. Rápidamente montó su primera exposición en enero de 1973 en Light Gilher que dedicó por completo a sus Polaroid. Luego inició su experimentación con fotografías de gran formato. Como Patti sostiene, Sam reconocía la grandeza de Robert: «Sam amaba la obra de Robert, la amaba como nadie. Yo estaba con él, mirando la imagen de unos tulipanes blancos sobre un fondo negro que Robert había fotografiado.

—¿Cuál es la cosa más negra que has visto en tu vida?— me preguntó.

—¿Un eclipse?— Respondí, como si fuera la respuesta de una adivinanza.

—No—. Señaló la fotografía. —Esto. Un negro en el que puedes perderte—» (250).

Patti Smith y Robert Mapplethorpe se separan de 1973 y se reencuentran en 1986, cuando Robert se entera que porta el VIH. Entre esos años no dejaron de hablar ni de escribirse. Patti narra «que en 1978 Robert estaba completamente dedicado a la fotografía. Los trabajados marcos reflejaban su relación con las formas geométricas. Había creado retratos clásicos, singulares flores sexuales y había elevado la pornografía a categoría artística. En aquel momento, estaba centrado en dominar la luz y en conseguir los negros más densos» (269).

La biografía de Patti Smith, convertida paralelamente en una gran cantautora, revela el gran hombre que fue Robert, su determinación artística y su trabajo y dedicación por las cosas que amaba. Además de recrear la vida de estos dos grandes artistas, cuenta las extrañas relaciones de Robert y Andy Warhol, y de cómo Robert, lejos del pop, se convirtió en un fotógrafo clásico. También de su amistad con Lou Reed, The Velvet Underground y William Burroughs, todos artistas que habitaban en la Nueva York del pop y la generación beat.

La canción favorita de Robert es Sympathy for the Devil de los Rolling Stones —inspirada en la novela del escritor ruso Mijail Bulgakov, El maestro y margarita— y la película favorita, Cowboy de medianoche de John Schlesinger. En ambas resalta Patti, que su relación con el mundo oscuro siempre fue de orden estético como lo fue en su infancia la relación con la Iglesia.

Carlos Fino

Carlos Fino

Historiador y teórico del arte. Premio Casa de las Américas 2014.