Lucrecio: La herida de amor

De la naturaleza de las cosas (De Renum Natura), texto didáctico compuesto en el siglo I antes de nuestra era por el poeta y filósofo latino Tito Lucrecio Caro, más que un poema épico que plasma las doctrinas de Epicuro y de Demócrito, es una obra original en la cual se habla de la totalidad del mundo, es un intento lírico por entender y explicar la realidad del universo y las cosas.

Sin embargo, a pesar de que el poema entero merece particular atención, es atractivo su planteamiento sobre el sentimiento amoroso. Y no solamente seduce el concepto sino el modo en cómo es planteado, en los recursos que, como poeta, Lucrecio utiliza para darle a ese amor el apelativo de enfermedad, de herida, de deseo insatisfecho.

En los versos finales del Libro IV donde, además de hacer una justificación acerca de dónde vienen los oscuros deseos y la necesidad del hombre por fecundar el cuerpo que produce las atracciones físicas y el sentimiento amoroso, de la misma forma que se tiene una herida en una guerra y se busca que quien la provocó la cure, encontramos una descripción de un encuentro erótico que, no solamente es una explicación de cómo el humano está sometido y es necesario que se someta a los placeres, sino nos muestra un tópico del amor como un mal que no se cura, del amor como el vano intento de unión física de los amantes, un panorama que es ciertamente desolador, pero que no le quita la belleza del momento.

La versión ofrecida de dicho fragmento es de Luis Alberto de Cuenca y Antonio Alvar.

Al poseerse, los amantes dudan.
No saben ordenar sus deseos.
Se estrechan con violencia,
se hacen sufrir, se muerden
con los dientes los labios,
se martirizan con caricias y besos.
Y ello porque no es puro su placer,
porque secretos aguijones los impulsan
a herir al ser amado, a destruir
la causa de su dolorosa pasión.
Y es que el amor espera siempre
que el mismo objeto que encendió la llama
que lo devora, sea capaz de sofocarla.
Pero no es así. No. Cuanto más poseemos,
más arde nuestro pecho y más se consume.
Los alimentos sólidos, las bebidas
que nos permiten seguir vivos,
ocupan sitios fijos en nuestro cuerpo
una vez ingeridos, y así es fácil
apagar el deseo de beber y comer.
Pero de un bello rostro, de una piel suave,
nada se deposita en nuestro cuerpo, nada
llega a entrar en nosotros salvo imágenes,
impalpables y vanos simulacros,
miserable esperanza que muy pronto se desvanece.
Semejantes al hombre que, en sueños,
quiere apagar su sed y no encuentra
agua para extinguirla, y persigue
simulacros de manantiales y se fatiga
en vano y permanece sediento y sufre
viendo que el río que parece estar
a su alcance huye y huye más lejos,
así son los amantes juguete en el amor
de los simulacros de Venus.
No basta la visión del cuerpo deseado
para satisfacerlos, ni siquiera la posesión,
pues nunca logran desprender ni un ápice
de esas graciosas formas sobre las que discurren,
vagabundas y erráticas, sus caricias.
Al fin, cuando, los miembros pegados,
saborean la flor de su placer,
piensan que su pasión será colmada,
y estrechan codiciosamente el cuerpo
de su amante, mezclando aliento y saliva,
con los dientes contra su boca, con los ojos
inundando sus ojos, y se abrazan
una y mil veces hasta hacerse daño.
Pero todo es inútil, vano esfuerzo,
porque no pueden robar nada de ese cuerpo
que abrazan, ni penetrarse y confundirse
enteramente cuerpo con cuerpo,
que es lo único que verdaderamente desean:
tanta pasión inútil ponen en adherirse
a los lazos de Venus, mientras sus miembros
parecen confundirse, rendidos por el placer.
Y después, cuando ya el deseo, condensado
en sus venas, ha desaparecido, su fuego
interrumpe su llama por un instante,
y luego vuelve un nuevo acceso de furor
y renace la hoguera con más vigor que antes.
Y es que ellos mismos saben que no saben
lo que desean y, al mismo tiempo, buscan
cómo saciar ese deseo que los consume,
sin que puedan hallar remedio
para su enfermedad mortal:
hasta tal punto ignoran dónde se oculta
la secreta herida que los corroe.

Hans Medrano

Bogotá (1986). Profesional en Estudios Literarios, Universidad Nacional de Colombia. Poeta y narrador.